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viernes, 27 de marzo de 2009

DETONANTES

A continuación, articulo extraído de Organic Consumers, donde claramente mencionan los contaminantes como detonantes del cáncer, riesgos de los transgénicos, así como del uso de pesticidas, es una entrada algo larga, pero mucho muy buena.


La revolución verde dio a luz agroquímicos con el argumento de ser la salvación y el camino para la obtención de grandes cantidades de alimentos; la historia ha demostrado que ni han logrado incrementar sostenidamente la producción ni han resultado ser la salvación al hambre del mundo. La biotecnología moderna con sus transgénicos, tiene la misma raíz de origen y se presenta con el mismo argumento.
Revolución verde, agroquímicos, biotecnología moderna, transgénicos..., una misma filiación que nos lleva a la decadencia
Los oncólogos estadounidenses Dr. Th. Slage y Dr. R. Shearer, del Centro de Investigación Hutchinson, en Seattle (Washington), precisaron en marzo de 1976, que el 80% de las enfermedades cancerosas en el ser humano, son causadas por los productos químicos en el ambiente y el 20% por productos químicos en los alimentos. La OMS en 2002 precisó que el número de personas que murió de cáncer alrededor del mundo,7.6 millones, fue superior a los 5.6 millones que en total murieron por VIH/SIDA, malaria y tuberculosis. El cáncer es pues actualmente, el riesgo permanente que amenaza nuestra salud. Para analizar las causas, sólo detengámonos en el dato de los expertos que indica que el 20% del cáncer es causado por los productos químicos en los alimentos. Recordemos a su vez, que el origen y el estilo de producción está marcado por varios enfoques. ¿Cuál de esos enfoques de producción revelarán atajos hacia el cáncer ¿la agricultura ecológica? ¿la revolución verde' con sus agroquímicos sintéticos? ¿la biotecnología 'ultra moderna' con sus semillas transgénicas? Veámoslo por partes


La revolución verde
Hace 50 años que se viene impulsando la llamada 'revolución verde', basada en un paquete tecnológico con uso intensivo de productos químico-sintéticos, dentro de los cuales destacan los abonos nitrogenados, los pesticidas de amplísima especialización y las semillas mejoradas y en la última década las transgénicas. El profesor W. Schuphan (1971), director del Instituto Nacional de la Investigación de la Calidad, de Geisenheim (Rhin), describe el círculo vicioso al que nos somete la agricultura de la revolución verde 'El uso exagerado de fertilizantes nitrogenados provoca un alto grado de susceptibilidad a contraer enfermedades o parásitos en las plantas alimenticias. Esto obliga a un empleo masivo de pesticidas químicos. Además el alto contenido de nitrógeno (que utiliza la agricultura convencional) reduce los minerales y las vitaminas en las plantas, tan necesarias para la salud del hombre'. A partir de ello, lo que nosotros observamos además, no sólo es un círculo vicioso, más bien, una espiral ...


Nitratos y cáncer
La evidencia científica nos indica que existe una correlación directa entre el consumo de alimentos, o de agua, con exceso de nitratos y la ocurrencia de cánceres gástricos y la elevada mortalidad durante los primeros días de vida de los neonatos cuando sus madres ingirieron altas cantidades de nitratos, debido principalmente a malformaciones que afectan el sistema muscular, el óseo y el nervioso central (CRIE, 2002). Los nitratos también pueden formar compuestos cancerígenos con ciertos residuos de plaguicidas, como con los dicarbamatos (fungicidas).


Plaguicidas y demás males en la salud
El uso de pesticidas por parte de la revolución verde ha venido generando reducción de la fertilidad masculina, enfermedades neurológicas, reducción del crecimiento, anormalidades fetales, síndrome de fatiga crónica en niños y mal de Parkinson. Por supuesto, también está contribuyendo enormemente al incremento del índice de cáncer, ya que, los residuos de pesticidas están entre las tres mayores causas de cáncer (Pero ya sabemos que no es competencia de la Secretaria de Agricultura regular esto¿¿¿???) Las mujeres con cáncer de mamas tienen cinco a nueve veces más frecuencia de tener residuos de pesticidas en su sangre que aquéllas que no. Estudios previos demostraron que aquéllas con exposición laboral a pesticidas tienen tasas más altas de cáncer. Por su parte, el gobierno británico encontró residuos de pesticidas en un tercio de los alimentos y más grave aún, más de un agroquímico en manzanas, lechugas, papas y fresas; el uso de más de un agroquímico potencia los efectos adversos.


La revolución verde y la biotecnología moderna de los transgénicos
Los defensores de los transgénicos podrían sentirse aliviados porque sólo hemos referido las consecuencias de la primera etapa de la revolución verde, las que ya no se pueden acallar ni ocultar pues al cabo de más de 40 años la suma de evidencias es abrumadora, los daños cuantiosos y hasta los científicos pro-transgénicos aceptan esta realidad. Así por ejemplo, en una entrevista periodística aparecida en el diario oficial El Peruano (5 agosto 2008), un conocido científico asegura que 'No hay debates sobre los fertilizantes y los insecticidas químicos. Tenemos manzanas bellas, pero llevan insecticida dentro,... lo cual es probadamente dañino y produce cáncer'. Lo peculiar de la entrevista no radica en que los científicos admitan ahora el perjuicio de los agroquímicos sintéticos, lo singular es que traten de hacer un deslinde entre agroquímicos sintéticos y transgénicos como si tuvieran un origen distinto y una perspectiva diferente.
Lo verídico es que agroquímicos sintéticos y transgénicos comparten una misma genealogía y, es nuestro deber difundirlo. Las semillas transgénicas basan su visión en el mismo sistema impulsado por la revolución verde de los años 50, esto es, el uso de fertilizantes y pesticidas químicos de síntesis. Sólo han variado las semillas mejoradas por las semillas transgénicas; todo lo demás sigue siendo válido, aunque pretendan decir que se usará menos. Compartiendo los mismos progenitores, los estudios demuestran que los alimentos transgénicos son inclusive más peligrosos, pues las características de su resistencia no son externas, sino han sido incorporadas al interior de su mapa genético. Así, la semilla transgénica de maíz Bt está preparada para resistir plagas porque cada una de sus células contiene el Bacillus thuringiensis, una bacteria que produce sustancias tóxicas para los insectos. En consecuencia, el uso de agroquímicos ya no sólo se restringe a las aplicaciones externas, sino están incluidas en la genética de lo que pretenden sean nuestros alimentos cotidianos. En los países desarrollados en donde se consume soya transgénica se observa un incremento sustancial en las alergias a este alimento.
Otra observación es la resistencia a antibióticos y, fuera del ámbito de la salud, la destrucción de la biodiversidad, la inseguridad alimentaria (ver artículo 'Los alimentos transgénicos como falsa solución al hambre' de Sacha Barrio) y el control de las semillas por unas pocas compañías se suma a la lista de consecuencias indeseables (ver artículo 'Transgénicos: el prontuario criminal de Monsanto', de Fernando Glenza). Según la OMS, el cáncer aumentó en 19% en todo el mundo entre 1990 y 2000, principalmente en los países en desarrollo. ¿Será porque en nuestros países cada vez usamos más agroquímicos y los países desarrollados procuran usar menos y cada vez consumen más alimentos ecológicos?
La agricultura ecológica
¿Realmente no hay otra solución tecnológica? En realidad sí existe y ha existido desde siempre y se llama agricultura ecológica. Si observamos el enfoque de la agricultura ecológica, ésta procura usar técnicas compatibles con las leyes de la naturaleza, prohíbe el uso de fertilizantes, pesticidas químicos de síntesis y transgénicos por lo que la exposición al peligro de enfermedades tan graves como el cáncer disminuye. A la par, los estudios científicos refieren que la calidad nutricional de los productos ecológicos es muy superior a la calidad de los productos obtenidos con la revolución verde, también denominados 'convencionales'. Esta mayor calidad biológica de los alimentos ecológicos se ha comprobado en diferentes pruebas biológicas. La más antigua se realizó en Nueva Zelanda en los años 40 (Daldy, 1940), donde se comparó el efecto de la dieta ecológica en escolares, a los cuales se les suministró estos alimentos durante dos años. Al cabo de este tiempo, se comprobó que su salud dental era mucho mejor, presentaban mayor resistencia a la fractura de huesos, la incidencia de gripe y resfriados había disminuido notablemente, su tiempo de convalecencia era menor y su salud en general era mucho mejor. Por supuesto que esta evidencia fue negada por décadas, tal como se negó el efecto dañino del tabaco en los años 50 (ver artículo 'Tabaco y transgénicos con T de trampa', de Fernando Alvarado), dándose a conocer estudios que afirmaban 'los alimentos ecológicos tienen la misma cantidad de nutrientes que los convencionales', los cuales fueron difundidos por científicos mercenarios.
A mediados de los años 70, los trabajos de Schuphan (Schuphan, W. 1975. 'Yield Maximization versus biological value'. Qual. Plant. 24, 281-310) como resultado de 12 años de investigación, mostraron que los productos ecológicos superaban a los convencionales en el contenido de proteínas (18%), vitaminas (28%), azúcares totales (19%) y en minerales, como el hierro (17%), potasio (18%), calcio (10%) y fósforo (13%). A la par, se demostró que los alimentos ecológicos nos alejan de componentes indeseables porque llevan 93% menos de nitratos, 42% menos de aminoácidos libres y 12% menos de sodio. Los estudios realizados por la Rutgers University (Heaton, 2002) de Reino Unido, prueban la superioridad de las hortalizas ecológicas en el contenido de minerales, el cual es mayor en 10 y 50 veces al contenido de aquellas convencionales que se han obtenido por la revolución verde. Otros estudios realizados en Reino Unido en 1992 concluyeron (Heaton, 2002) que una mejora en el suministro de vitaminas y minerales a través de alimentos ecológicos, podría reducir el cáncer en un 20%, las enfermedades cardíacas en un 25%, la artritis en un 50% y el alcoholismo en 33%. En 2007, oficialmente, y luego de un estudio de dos años que costó 20 millones de dólares a la Unión Europea, se reafirmó que los alimentos ecológicos son mucho mejores.
Entre muchos resultados se dio a conocer, por ejemplo, que los alimentos ecológicos pueden tener de 20% a 90% más antioxidantes, sustancias que tienen la cualidad de ser anticancerígenas. Igualmente convincente resultan los estudios con seres humanos alimentados con productos ecológicos, los cuales demuestran efectos provechosos reales sobre su salud. Así se tiene que, las terapias alternativas para curar el cáncer han logrado buenos resultados basándose en el consumo exclusivo de alimentos orgánicos (Independent Science Report, 2007). Las terapias nutricionales anti-cáncer buscan evitar en lo posible contaminantes y toxinas, y más bien, promueven el consumo exclusivo de alimentos ecológicos para aumentar la ingesta de nutrientes.
Conclusión
La revolución verde dio a luz agroquímicos con el argumento de ser la salvación y el camino para la obtención de grandes cantidades de alimentos; la historia ha demostrado que ni han logrado incrementar sostenidamente la producción ni -por tanto- han resultado ser la salvación al hambre del mundo. La biotecnología moderna con sus transgénicos, tiene la misma raíz de origen y se presenta con el mismo argumento.
Evitemos los alimentos convencionales, especialmente los más fumigados con pesticidas como el tomate, la cebolla, la papa, la manzana y la fresa. No consumamos alimentos transgénicos que predominan en los alimentos procesados con soya, maíz y cánola

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