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martes, 29 de marzo de 2011

RADIACTIVIDAD EN CONSTRUCCIONES


Hace cosa de tres años publique algo relacionado, pero malamente solo fueron algunas ligas a esta historia, el día de hoy, en el interesante sitio MEXABLOG cuya liga pueden encontrar en esta pagina, leí este articulo mucho muy completo, por lo cual me tome la libertad de compartirlo aquí.

La zona urbana donde se encontraba ACEROS DE CHIHUAHUA aun continua siendo un foco altamente contaminante . Casos de cancer y demas lindezas, ¿ y nuestras autoridades ? bien gracias . Pero en fin, vayamos directo al articulo que publico MEX-MEN.

Nuestro Chernóbil

Hoy, a 27 años, hay quienes afirman que los daños son mas funestos de lo que han dicho las autoridades mexicanas. Y no solo eso: las consecuencias mayores se verán mucho después, cuando arribe la cuarta generación de todos aquellos que fueron contaminados en el peor desastre nuclear registrado en el hemisferio.

El frío de esa madrugada de lunes eran tan despiadado que muy pocos se aventuraban en las calles. El chofer del camión cargado con 30 toneladas de varilla vio un camino despejado desde que salió de los patios de Aceros de Chihuahua. Se embarcaba en un viaje hasta el norte de los Estados Unidos, pero jamás llegaría a su destino. La remesa que llevaba congelaría al día siguiente el ánimo de los ejecutivos de la empresa, cuando fueron enterados por autoridades de ese país que el material estaba contaminado con Cobalto 60, una intensa fuente de radiación Gamma capaz de provocar la muerte o mutaciones en un ser humano.

Todo fue una casualidad: El chofer había rebasado las 12 horas de travesía al llegar a Santa Fe, la capital de Nuevo México, y por causas que jamás se explicaron extravió su rumbo unos cuantos kilómetros después. Fue un descuido que muchos debieron agradecer.El desatino aproximó el tráiler al laboratorio Nuclear de Los Álamos, y entonces se activaron los sensores de fugas Radiactivas. El camión fue abordado por unidades militares que lo obligaron a detener la marcha.

Las autoridades de los Estados Unidos fueron capaces, los días posteriores, de recolectar varilla contaminada que antes de esa carga llegó a varias ciudades. Incluso demolieron edificios y todo regresó a suelo mexicano. Pero en México, la mecánica de venta, plagada de coyotes, y la avaricia de otros tantos constructores y distribuidores, no concluyeron jamás la misma misión.

La varilla detectada por los sensores de Los Álamos se fabricó con metal fundido en Aceros de Chihuahua, una paraestatal que operó hasta fines de la década de 1980.

A los hornos llegaron toneladas de chatarra que durante meses estuvo en contacto con la fuente de Cobalto 60, que era el corazón de una unidad de teleterapia ingresada de contrabando en 1977 por el Centro Médico de Especialidades, el hospital privado más caro de la ciudad.

En 1983, en septiembre, un empleado del hospital llevó la unidad desvencijada al yonke Fénix, un deshuesadero cuyo negocio principal era, igual que hoy, la compra de fierro por tonelada.

Además de Aceros de Chihuahua, los clientes del yonke sumaban a Fundival, de Torreón; Grupo Urrea de Guadalajara, Industrial del Hierro y del Acero de Atizapán, y Fundidora Frontera de Ciudad Juárez.

Varilla y otros productos de metal contaminados se distribuyeron en Chihuahua, Sonora, Baja California, Sinaloa, San Luis Potosí, Zacatecas, Guanajuato, Morelos, Hidalgo, Nuevo León, Coahuila, Querétaro, Tamaulipas, Durango, Baja California Sur y Aguascalientes.

Los sensores del laboratorio de Los Álamos se activaron la noche del lunes 16 de enero de 1984. Hoy, a 27 años, hay quienes afirman que los daños son más funestos de lo que han dicho las autoridades mexicanas. Y no sólo eso: las consecuencias mayores se verán mucho después, cuando arribe la cuarta generación de todos aquellos que fueron contaminados entonces.

“El daño de la contaminación a la que se expuso la comunidad con esa cápsula de Cobalto puede tardar (en manifestarse) 10, 15, 20 ó hasta 25 años, de acuerdo al grado de exposición que tuvo cada persona”, dijo Agustín Horcasitas Cano, el ex gerente de producción en Aceros de Chihuahua, cuando presentó su libro “El gran engaño”, en el que vertió su hipótesis sobre el accidente, el 3 de noviembre de 1999.

Ramiro Ayala es uno de tantos que estuvo en contacto directo con la cápsula. En 1983, cuando se vendió como chatarra en el yonke, él era ayudante de cortador. Junto con otros 67 empleados vivió tres meses en la zona más contaminada, y nunca lo supo. Desde entonces vive con mutaciones, las uñas de su pie izquierdo lucen permanentemente negras, sus defensas son escasas y ha visto morir a tres de los 15 trabajadores que decidieron quedarse en el Fénix.

“Las únicas medicinas que me he tomado siempre, son mentales”, dice en medio de un descanso que se toma a mitad de su jornada laboral. “Lo que hago es pedirle a Dios, ¿verdad? Es mejor no pensar en que uno está Cobalteado”.

PAREDES QUE MATAN

Cada día, unas cinco mil personas visitan las tiendas del centro comercial Plaza Juárez. Es una distracción desde que abrió sus puertas, en 1984. Hasta hace unos meses fue el complejo departamental más importante de la ciudad. Pero durante mucho tiempo, fue también una amenaza de muerte.

Muchos ecologistas y abogados locales sostuvieron por años que en la construcción del mall se empleó varilla contaminada, una afirmación que nunca pudo demostrarse. Lo mismo dijeron de unidades completas edificadas por el Infonavit.

En los hechos, sin embargo, únicamente dos edificios han sido demolidos porque se supo abiertamente que sus castillos emanaban radiación.

El dato, pese a todo, no debe entusiasmar a nadie.

Agustín Horcasitas, el ex gerente de producción de Aceros de Chihuahua, emitió un cálculo alarmante el día que presentó su libro.

Dijo que al menos unas 10 mil toneladas de varilla contaminada jamás se recuperaron. Se trata de una cifra que rebate los informes emitidos por la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (C.N.S.N.S.) en septiembre de 1985.

La dependencia notificó que, “de manera conservadora”, de los hornos de Aceros de Chihuahua y Duracero, otra fundidora de San Luís Potosí, salieron 6 mil 608 toneladas de varilla contaminada, en un período que abarcó 44 días, hasta el 6 de diciembre de 1983.

El informe de la comisión dice que de 17 mil 636 construccionessusceptibles” de tener varilla contaminada, mil 276 registraron niveles de radiación superiores al fondo natural, y de ellas 814 se encontraban por encima de un nivel aceptable, por lo que fueron demolidas.

Es lo que dicen haber rastreado, a partir de las facturas de venta de ambas fundidoras. Pero miles de toneladas distribuidas sin control en pueblos y ciudades pequeñas, donde se vendió a través de intermediarios, nunca se recuperaron.

El tiempo ha jugado a favor de esos datos congelados. En las ciudades de Juárez y Chihuahua, las fuentes originales de la contaminación, ninguna autoridad local ha dado seguimiento ni vigilancia a las zonas irradiadas. De hecho, el accidente es una idea vaga.

“Tenemos entendido que este problema ya tiene muchos años y que ha causado algunos efectos, según datos de algunos investigadores, y eso nos indica que hay problemas surgidos desde aquellos tiempos”, dice Rosario Díaz, la directora de Ecología y Protección Civil del Municipio de Juárez.

La de Díaz no es una ignorancia cualquiera. Al margen de las especulaciones sobre el empleo de varilla Radiactiva en la construcción de viviendas y centros comerciales, la zona donde fue sepultada la mayor parte de material contaminado pertenece al municipio.

En Samalayuca, al sur de la mancha urbana, los Ejidatarios han pedido el auxilio de Ecologistas e Investigadores, pues están seguros de que los mantos freáticos han sido igualmente contaminados por la bomba de Cobalto 60.

Si bien un par de estudios efectuados por expertos de la U.N.A.M. y la Universidad Autónoma de Chihuahua les han dado la razón, ninguna autoridad los ha atendido.

Samalayuca está lejos de ser el único sitio con posibles radiaciones magníficas en sus entrañas.

En el Estado de México, el pueblo de San Juan Teacalco, vive algo parecido.

TIERRA ENVENENADA

San Juan Teacalco es una de las 11 comunidades que integran el municipio de Temascalapa, 75 kilómetros al noreste del Distrito Federal.

Es un pueblo de colinas sembradas con nopal y maguey, y extensiones menores de fríjol, maíz y cebada, que muy pocos fuera de ahí conocen.

La población vive sin demasiado contacto con el desarrollo y el promedio de estudios apenas alcanza el nivel básico.

A un kilómetro y medio de ahí, a mitad del camino que lleva a Maquixco, un pueblo de menor jerarquía, el Instituto Nacional de Investigación Nuclear adquirió 20 hectáreas de terreno en 1973, sin notificarle al municipio que tenía planeado operar un centro de recepción de material Radiactivo. Desde diciembre de 1984 se almacenan ahí 98 toneladas de varilla contaminada y restos de cianuro provenientes de Chihuahua.

Algunos expertos, las autoridades y los residentes del Municipio creen que la contaminación del subsuelo ha comenzado un daño irreversible.

En los últimos 15 años, la incidencia de muertes neonatales, cáncer de piel y malformación genética se ha multiplicado, y la agricultura, el eje de la economía en la región, ha caído de nivel hasta ubicarlos en una de sus peores crisis.

“Todo esto no se veía antes del panteón nuclear”, dice Isaac Sánchez, el ex delegado de San Juan Teacalco. “Así que nosotros creemos que algo malo está pasando en este lugar, aunque nadie quiera decirnos qué es lo que pasa con nuestro pueblo y con nuestra vida”.

Varios dictámenes emitidos por el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (I.N.I.N.) a partir de esos señalamientos negaron cualquier relación entre los fenómenos registrados en el pueblo y el almacenamiento del material contaminado.

Aún así, la Subcomisión de Materiales y Desechos Peligrosos, dependiente de la Comisión de Ecología y Medio Ambiente de la Cámara de Diputados, concluyó en marzo de 1999 que el daño psicológico, económico y moral del municipio debía ser subsanado por el Gobierno de la República y el Instituto.

No es la primera vez que las dependencias del Gobierno Federal esquivan acusaciones de ese nivel. En diciembre de 1996, un investigador de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Carlos García Gutiérrez, advirtió sobre las posibilidades de que en Samalayuca, el manto freático del que alguna vez pensó abastecerse a Ciudad Juárez, esté contaminado. “La varilla que se envió en ese entonces (1984) está enterrada apenas unos metros arriba de los mantos, pero es más grave que en la actualidad estén varias toneladas a flor de tierra y una gran cantidad todavía en la ciudad de Chihuahua”, dijo.

El investigador no está solo en sus temores.

El Físico Bernardo Salas Mar, un investigador del Laboratorio de Análisis Radiológicos de Muestras Ambientales de la U.N.A.M., concluyó, tras visitar el depósito de Samalayuca, que las posibilidades de que los mantos freáticos hayan sido contaminados es real.

“El sitio acusa erosión por agentes naturales de agua y viento”, dice.
“El sitio de confinamiento hace años que fue abandonado. Quien sea puede traspasar su perímetro. No hay señalamientos que adviertan que ahí hay material Radiactivo enterrado”.

“Originalmente se propuso que todo ese material se enviara a Puebla, a un cementerio nuclear con todas las de la ley, pero nadie hizo caso”, dice Edmundo Águila Castillo, un abogado que en su momento defendió los intereses de una veintena de trabajadores del Yonke Fénix.

“Pero cuál fue la respuesta de la mentada Comisión de Seguridad Nuclear y Salvaguardias. Bueno, pues enviaron a una bola de criminales sinvergüenzas que se dieron la gran vida: A mí me tocó llegar al hotel en donde se hospedaban, y los señores tenían como botana para picar, langosta y caviar, y no tenían sidra, sino champaña para beber”.

DAÑOS IRREVERSIBLES

Sentado en un sillón roto y sin patas, en una pequeña vivienda de una colonia proletaria llamada Bellavista, Bernardo Ponce habla de su hijo de 14 años. Cuenta cómo lo engendró y asegura que no fue dañado, como su padre llamado también Bernardo, por el contacto directo que tuvo con la cápsula de Cobalto 60, cuando los dos trabajaron en el Yonke Fénix. Ponce es estéril, no puede donar sangre, y su evasión es similar a la que en su momento sufrió Benjamín de la Rosa Núñez, quien murió el 28 de mayo de 1991.

Benjamín nunca reconoció que estaba enfermo por su exposición a la fuente radiactiva.

Ramiro Ayala, otro de los sobrevivientes del Yonke, recuerda perfectamente los días finales de De la Rosa. “Benjamín era un hombre grande, muy fuerte. Era el más grandote de todos, y tenía unos brazotes, pero de repente se enfermó y como en dos meses se murió, y quedó en puros huesitos nomás”, dice. “Estuvo muy rara la muerte de él, porque se acabó en un ratito, como en un medio año desde que empezó a sentirse mal. Eso es lo que pasa: Nosotros estamos expuestos a que nos dé una enfermedad de repente y se complica con lo Cobalteado que estamos”.

De la Rosa no formó parte del grupo elegido por los médicos del Instituto Mexicano del Seguro Social (I.M.S.S.) para someterlos a estudios exhaustivos en la ciudad de México.

Margarito González, quien murió en 1990, y Benito de la Rosa, muerto hace un año, tampoco formaron parte de aquel grupo que las autoridades, dijeron, era el más dañado por la radiación.

“Es lo que pasa: los que no fuimos parece que estuvimos peor”, dice Ayala.

Ellos no son los únicos, sino los que pueden rastrearse sin problemas. En noviembre de 1995, Alfonso Ciprés Villarreal, el dirigente del Movimiento Ecologista Mexicano, dijo que en Xochimilco una niña enfermó de cáncer por vivir en una casa construida con varilla contaminada.

Y como ella existen miles de personas más, dedujo.

RETORNO A LA FUENTE

La calle Ignacio Aldama, muy cerca del centro de Ciudad Juárez, es estrecha, como un callejón. Ahí, el empleado del centro médico al que le fue regalada la unidad de radioterapia, estacionó durante meses su camioneta Datsun del 81.

Muchos niños jugaron con los balines que eran el corazón de la cápsula. En ese tiempo, 1983, la calle era bulliciosa: un par de vecindades de doble piso daban albergue a unas 35 familias.

De los vecinos de entonces únicamente vive ahí Hortensia Aguilar. El resto se fue, no se sabe a dónde, después de que las vecindades fueron demolidas, antes de terminar la década.

Otras dos vecinas, que solían platicar recargadas sobre la camioneta contaminada, Guadalupe y Zeferina Miller, murieron de cáncer antes de 1991.

“Quién sabe en realidad el daño que provocó esa cosa”, dice Celina Chávez, quién entonces residía a la vuelta de esa callejuela, justo en donde hoy, a sus 57 años, atiende un puesto de la Lotería Nacional. “Creo que el Gobierno se aprovechó de toda nuestra ignorancia”.

La calle se ha transformado al paso de los años. En el sitio ocupado por las vecindades abrió sus puertas una ferretería, y las ruinas frente a las cuales se estacionó la camioneta Datsun las hijas de una amiga de Chávez construyeron una casa. El tiempo ha borrado en ellos cualquier amenaza. De hecho, ya no la hay. Pero todos aquellos que mantuvieron contacto directo con la bomba de Cobalto 60 son una masa anónima que, dicen los expertos, sufren las consecuencias y heredan a sus descendientes mutaciones genéticas.

Hay mitos también. Del chofer del tráiler detectado por los sensores de Los Álamos se ha dicho que murió de cáncer al poco tiempo de estallar el escándalo.

Pero lo único verificable es su error. El extravío que dio pie al descubrimiento del peor desastre nuclear registrado en el hemisferio.

"En cuanto a los problemas futuros y dependiendo de las dosis recibidas deberá pensarse en la posibilidad de neoplasias, leucemias, cambios degenerativos (no neoplásicos) acortamiento de la vida y efectos genéticos en descendientes, por lesión en células germinales del individuo expuesto".

Esta herencia trágica y contundente para México, fue dada a conocer "en un informe secreto", un año después del "peor accidente nuclear en la historia de Norteamérica" por el doctor Carlos Armendáriz Carrillo, en ese entonces asesor médico de la gerencia de Seguridad Radiológica de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS).

La vida y destino de millares de mexicanos fueron decididos por el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez cuando internó ilegalmente al país una vieja bomba de cobalto con una fuente cuya actividad se estimó en 1003 Curies (Ci) La historia surgió el 17 de enero de 1984, cuando un camión que transportaba bases para mesa de acero colado paso cerca del Laboratorio Nacional de los Alamos, en Nuevo México, las alarmas para detectar radiación sonaron.

Las investigaciones realizadas por autoridades americanas, llevaron a la CNSNS al origen de la contaminación radiactiva: El "Yonke Fénix" de Ciudad Juárez, Chihuahua. 41 días antes había sido depositado en él, una fuente radiactiva de cobalto 60, contenida en la cabeza de una bomba de cobalto de la marca Picker, el equipo había sido desechado por el "Methodist Hospital" de Lubbock, Texas, y adquirido por la empresa X-ray Equipment Co. de Fort Worth, en el mismo estado. El Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez, compró el viejo equipo a X-ray Equipment a finales de 1977 y ante la falta de técnicos calificados para su ensamble, la almacenaron.

A principios de diciembre de 1983, Vicente Sotelo Alardín, encargado de mantenimiento del Centro Médico, desmanteló el equipo por instrucciones del jefe de mantenimiento del hospital, ignorante de lo que hacía y con los golpes, la pastilla que contenía el cobalto 60 se fracturó, dejando escapar 6010 pequeñas partículas del material contaminante. Luego, lo subió a una camioneta pick-up con la ayuda de Ricardo Hernández y lo llevó a vender por fierro viejo al Yonke Fénix, lugar en donde las partículas se diseminaron provocando una enorme contaminación radiactiva.

Grave fue, cuando miles de toneladas del material contaminado fueron enviadas a dos grandes fundidoras; Aceros de Chihuahua, S.A. de C.V.(Achisa) y la maquiladora Falcón de Juárez S.A., quienes con el material contaminado, produjeron varilla para construcción y bases para mesa respectivamente. Achisa, por su parte envió materiales contaminados a cuando menos siete fundidoras más, de acuerdo con la CNSNS, sólo en tres se encontró contaminación: Fundival S.A. de Gómez Palacio, Durango; Alumetales S.A. de C.V. de Monterrey, Nuevo León y Duracero S.A. de San Luis Potosí. Al paso de los días crecían el número de personas y viviendas afectadas por la contaminación en todo el país, y ninguna autoridad se hacía responsable directa del problema, se llegó al extremo de improvisar a "expertos" para que realizaran labores de detección en la mayor parte del país.

El ocultamiento de la información a la población, desde todas las esferas gubernamentales, dificultó la detección de varilla contaminada dejando de manera criminal, en pie, muchas de las construcciones contaminadas o bajo la "decisión" sobre que hacer con ellas de los mismos propietarios. En efecto, el ingeniero Hermenegildo Maldonado Mercado en esa época jefe del área de Instalaciones Nucleares de la CNSNS y actual jefe de Evaluación y Licenciamiento declaró a la revista Proceso (398), que "ha habido más reserva de la deseable" y lo atribuyó al "temor" de las autoridades ante alguna prensa alarmista que pudiera tergiversar las informaciones."De hecho, dijo, la prensa ha buscado sangre en este accidente". La PGR conoció de la denuncia interpuesta por la CNSNS en marzo de 1984, pero fue guardada como "secreto de estado".

GENOCIDIO

La tragedia que llevaría a México a ocupar el primer lugar en contaminación radiactiva en América, pronto fue minimizada por las autoridades federales, "todo bajo control", se dijo.

Más de180 trabajadores de Achisa fueron "comisionados" para juntar con sus manos y palas la tierra radiactiva del lugar y almacenarla en bolsas y tambos… Bajo la supervisión de técnicos de la CNSNS, que mientras daban instrucciones, se protegían detrás de tambos llenos de agua.

El doctor Abelardo Lemus Rocha, accionista del Centro Médico, nada hizo para asegurar la bomba de cobalto, ni siquiera existían señalamientos sobre su peligrosidad. El hermetismo con que fue manejado el accidente nuclear, sólo tenía una explicación, Clemente Licón Baca, accionista también y miembro del Consejo de Administración de Centro Médico era al mismo tiempo oficial mayor de la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal, a cuyo orden se encontraba la CNSNS.

18 años después, surgen irregularidades cometidas por la CNSNS, cuya misión: "Asegurar que en las actividades en donde se involucren materiales nucleares, radiactivos y fuentes de radiación ionizante se lleven a cabo con la máxima seguridad, considerando los desarrollos tecnológicos actuales", fue olvidada por quienes participaron en la sucia operación de limpieza del país.

En efecto, rebasadas las autoridades por el tamaño del problema, se enfrascaron en buscar la justificación de su impotencia, paradójicamente Hermenegildo Maldonado Mercado realizó estudios para "justificar" el uso de la varilla contaminada en la construcción, parte de sus conclusiones están contenidas en "el informe secreto" que elaboró para la CNSNS. En el trabajo nombrado "Criterio para determinar el uso de varilla contaminada con cobalto 60 en la construcción de puentes" que Maldonado Mercado elaboró junto con el ingeniero Arturo Parra I, se menciona: "Como es del conocimiento general, existe una gran cantidad de varilla contaminada con cobalto 60, consecuencia de la fundición de chatarra que contenía parte del material radiactivo de una fuente de teleterapia".

"El presente análisis tiene por objetivo, demostrar que el uso de esta varilla es factible, con un bajo riesgo (sic) para la población y que permitiría abatir las perdidas económicas para el país. Cabe señalar que el contenido de cobalto 60 de las varillas es muy variable, yendo desde 0 hasta una cantidad máxima que provoca una rapidez de exposición a contacto de 30 mR/hr, y de 3mR/hr a un metro de distancia por varilla, por lo que conviene considerar su uso racional (sic) conforme a las diferentes partes que constituyen el puente".

Y es que, también, luego de la nacionalización de la banca decretada por José López Portillo, Achisa pasó a engrosar la lista de paraestatales del Estado. Un testigo que elaboró varios de los informes "confidenciales" para la CNSNS, explica al reportero: "En febrero de 1985, nos reunimos varias personas en Veracruz, para realizar una reunión de trabajo confidencial sobre la gravedad del asunto de Chihuahua. Se nos dijo que se trataba de un asunto de seguridad nacional". Nuestro testigo aseguró que la función de la CNSNS es la de "salvaguardar" la seguridad de la población mexicana y no la de "proteger la economía" de una empresa productora de varilla. El problema, dijo, fue la cantidad de varilla y alambrón contaminado que el gobierno había adquirido de la fábrica, entonces se buscó justificar la "no devolución". Lo grave, enfatizó, es que "se permitió de manera criminal el uso de miles de toneladas de material contaminado". De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la situación de México en el número de muertes por neoplasias malignas es aterradora, y en efecto, mientras en 1983 murieron por este mal 13,915 hombres y 16,651 mujeres, en 1993 aumentó la cifra a 21,128 hombres y 23,811 mujeres, lo que representó un aumento descontrolado de muertes del 52 y 43 por ciento respectivamente, contra el 16 por ciento de crecimiento en la población de hombres y 18 por ciento en mujeres. Las cifras disponibles hasta 1995 son aún peores: 60 por ciento en incremento de muertes, contra 21 por ciento de aumento en la población.

LAS PRIMERAS VICTIMAS

Cuando Vicente Sotelo regresó del Yonke Fénix, dejó parada la camioneta Datsun blanca propiedad del Centro Médico en la calle de Aldama entre Azucenas y Gardenias por 40 días, luego la llevó al frente de su domicilio, en Aldama número 1981 Colonia Altavista, donde permaneció 10 días más, en un barrio de los más densamente poblados y pobres de Cd. Juárez. Se comprobó que los habitantes de 12 manzanas alrededor del vehículo estuvieron expuestos a 200 mR/hr y que algunos niños que jugaban sobre el vehículo y personas que se metían a platicar por largas horas, pudieron haber recibido varios miles de mR/hr. Así, más de 4000 personas sufrieron los embates de la radiación por largo tiempo. Y cuando menos en 20 estados de la República Mexicana se encontraban diversas cantidades de varilla contaminada y miles de casas habitación así como edificios públicos y privados, habían sido construidos. Para efectos prácticos y estadísticos de medición de dósis recibidas, se considera que 1 Roentgen es igual a 1 rad, igual a 0.01 Gray (Gy). Un ser humano expuesto de .8 a 2 Gy podría ser dañado crónicamente; con 4 Gy se presentaría la muerte al 50 por ciento de los afectados en cuatro semanas; con 6 a 8 Gy moriría el 100 por ciento en aproximadamente tres semanas y con 100 Gy, la muerte sería casi inmediata. Los médicos asesores de la CNSNS tuvieron su primera visita médica con los afectados el 28 de enero de 1984, hasta entonces, "pudieron deducir" que el accidente a los trabajadores había ocurrido en un tiempo máximo de 10 semanas antes de su visita médica.

El doctor Guillermo Castañeda C., quién participó como asesor médico de la CNSNS, consignó en el "informe secreto": "El total de las personas estudiadas se calcula en unas 200 aproximadamente, de las cuales unas 70 pertenecen a empleados del Yonke Fénix I. De los empleados del Yonke Fénix I, 68 comenzaron a ser estudiados en el hospital General de Zona No. 35 del IMSS por ser derechohabientes. Los irradiados, vecinos de la camioneta abandonada, comenzaron a ser estudiados en el centro de salud B de la SSA, en Ciudad Juárez".

Los asesores médicos de la CNSNS tuvieron su primer contacto con los afectados a través del subdirector del Hospital General de Zona No. 35, Héctor Iturriaga, quién mostró a los asesores los expedientes clínicos. Dice el informe: "De 68 casos pertenecientes a trabajadores del Yonke Fénix I, se encontró que sólo 3 personas mostraban disminución de glóbulos sanguíneos: Agustín Villanueva, 16 años; Pedro Torres Abad, 28 años y Carlos Casas Díaz, 39 años. Estas personas por mostrar depresión de su médula ósea, fueron asignados para su manejo al Hematólogo del Hospital, Dr. Ignacio Aguirre Aguirre. Dichos pacientes fueron examinados por nosotros, no encontrando sintomatología aguda por radiación, sólo la disminución de glóbulos sanguíneos y uñas pigmentadas. El resto de las personas irradiadas no mostraron sintomatología ni clínica ni hematológica. En los tres más afectados se consideró que recibieron radiación a cuerpo entero en forma crónica y a dosis bajas". Un médico que entonces trabajaba en la clínica 35 del IMSS explica: "De repente nos avisaron que recibiríamos pacientes del 'programa cobalto' fueron días de mucha presión, porque aparte del trabajo que teníamos nos sumaron como 60 pacientes del programa, hubo muchas improvisaciones y lo único que hacíamos era sacar sangre para hacer biometrías hemáticas, luego de poco tiempo, la gente ya no regresó; había gente que no tenía ni para pagar su camión". El doctor recuerda: "Me acuerdo muy bien que una señora de apellido Perzabal, al parecer una de las vecinas de donde se quedó parada la camioneta murió rápido, poco tiempo después".

Las estrategias emprendidas por los asesores médicos de la CNSNS, incluyeron "juntas para establecer objetivos", entre otros, para "establecer los cauces de la información para centralizarla en la SSA, a través del Dr. Juan Rauda Esquivel". En efecto, en una reunión el 2 de febrero de 1984, se debatió sobre los casos de Carlos Casas Hernández, de 14 años, "pepenador del Yonke Fénix"; Ricardo Hernández Villela, de 24 años, "quien manipuló el cilindro contenedor de la fuente y que presenta una zona cicatricial atrófica en región tenar de la mano derecha correspondiente al sitio de mayor aproximación a la fuente. Su biometría hemática dentro de límites normales". Vicente Sotelo, de 29 años, "chofer de la camioneta, quien no presenta sintomatología por radiación, su biometría hemática dentro de límites normales"; Cecilio Ibarra Solís, de 13 años, "vecino que jugó arriba de la camioneta. No presentó signos ni síntomas de radiación, su biometría hemática dentro de límites normales".

Victoria Salcido Gallegos, de 40 años; Margarita Arroyo Bravo, de 53 años y Victoria Salcedo Saldivar, de 42 años, "vecinas de la camioneta que permanecieron en la vecindad de la misma un tiempo importante. Sus biometrías hemáticas dentro de límites normales. El resto de los vecinos fueron estudiados en el Centro de Salud B de la SSA en Ciudad Juárez, no mostrando sintomatología ni alteración hematológica". El informe concluye: "Los pacientes más afectados de ambos grupos que presentaron signos y síntomas por radiación y los que desarrollaron un síndrome hematopoyético par radiación y su evolución cromológica, se describirán a continuación, y posteriormente los estudios cromosómicos y su relación con las dosis recibidas. Se estudiaron los 10 pacientes que a continuación se enumeran por haberse considerado hasta el momento, los más afectados: Agustín Villanueva García, Pedro Torres Abad, Carlos Casas Díaz, Benito de la Rosa Zapata, Vicente Sotelo A., Ricardo E. Sotelo Rodríguez, Tomás Saucedo Quiroga, Ricardo Hernández Villela, Carlos Casas Hernández, Carmen Perzabal Padilla".

En 1991, Benjamín de la Rosa, de 59 años y trabajador del Yonke Fénix, murió a causa de un extraño cáncer en los huesos, su familia y doctores culparon al cobalto.

EL PAIS DEL MIEDO

El 22 de julio de 1993, Helen Ingram, directora del Centro Udall para estudios de politicas públicas de la Universidad de Arizona envió un reporte a Carol Browner, administradora de la Agencia de Protección al Ambiente de los Estados Unidos, el informe dio cuenta del análisis que la Univesidad de Arizona realizó para la formación del Proyecto México-Estados Unidos para la Protección del Ambiente en la Frontera. Como "prioridades no analizadas con la suficiente seriedad" la Universidad de Arizona destacó: "Materiales Radiactivos y residuos. Esta recomendación merece cuidadosa atención, prevención y preparación. La región Texas-Chihuahua es víctima de las consecuencias de un inadecuado desecho de equipo médico cargado con cobalto 60; las consecuencias han sido dramáticas y todavía no resueltas. El impacto potencial de esos residuos podría aun en pequeñas cantidades ser desastroso, como aquellos inadecuados manejos de residuos y materiales peligrosos".

Luego de que entre 1977 y 1992 fueron cerrados seis de los más grandes confinamientos de residuos radiactivos en los Estados Unidos, los científicos descubrieron que dosis bajas y constantes de radiación causan cáncer, malformaciones y mutaciones, con mayor frecuencia que al recibir altas dosis en pocas exposiciones, también, se hicieron patentes enfermedades raras, muertes, contaminación de mantos acuíferos, erosión de tierras, mutaciones y radiación en flora y fauna entre otros efectos. Fue hasta el mes de noviembre de 1984 cuando se depositó el material contaminado en el sitio conocido como la piedrera cercano al ejido "El Vergel", para esto, fue necesario cambiar la ubicación en tres ocasiones y mover las miles de toneladas de material contaminado aumentando los riesgos de nuevas contaminaciones. Fueron entonces más evidentes las decisiones políticas que las de protección urgente a la comunidad y al medio ambiente.

La herencia no escoge 18 años después del "accidente", miles de "casos raros" como mutaciones y malformaciones surgen por doquier, y muertes por "etiologías desconocidas" son justificadas por los médicos en nuestro país.

EL ASESINO INVISIBLE

La denuncia interpuesta por la CNSNS en la Procuraduría General de la República (PGR) bajo el mando de Sergio García Ramírez "contra quien resulte responsable", no rindió frutos en el sexenio del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, tampoco la que interpuso la Secretaría de Salud. Clemente Licón Baca, señalado como el dueño de Centro Médico, se desempeñaba como oficial mayor de la Secretaría de Energía Minas e Industria Paraestatal, encabezada por Francisco Labastida Ochoa, quien llevó al fracaso al Programa Nacional de Energía. El "accidente" nuclear se dio cuando Emilio Gamboa Patrón era secretario particular del presidente; Manuel Bartlett Díaz, secretario de Gobernación; Guillermo Soberón, secretario de Salud; Arsenio Farell Cubillas, secretario del Trabajo; Carlos Salinas de Gortari, secretario de Presupuesto y Marcelo Javelly Girard, secretario de Desarrollo Urbano y Ecología, todas ellas, dependencias relacionadas en la solución al accidente nuclear.

Pero no eran los únicos lazos que Licón Baca mantenía con el poder, antes, se había desarrollado como gerente de operaciones comerciales de los Fideicomisos de la Cera de Candelilla; asesor del director general del Departamento de la Industria Militar; asesor económico y administrativo del coordinador general de COPLAMAR; asesor del director general de la Comisión Federal de Electricidad; tesorero del gobierno de Chihuahua; asesor del gobernador del estado de Chihuahua; asesor del gerente general de la Compañía Exportadora-Importadora Mexicana y coordinador general de campañas senatoriales y gubernamentales del estado de Chihuahua.

El doctor Abelardo Lemus Rocha, segundo de Licón Baca, aceptó que la bomba de cobalto fue depositada en las bodegas de la institución, también, que nunca se alertó a los trabajadores de la peligrosidad del aparato. Dijo tener una confesión ante notario y gravada en videotape en el sentido de que Vicente Sotelo había robado la bomba (Proceso 413), en el mismo número, Sotelo desmintió a Lemus y aseguró que fue acosado y obligado a firmar el documento.

Siete años después, cuando ya nadie se acordaba del "accidente" de Ciudad Juárez, Vicente Sotelo fue aprendido, se le acusó de "robo y por atentar contra la salud pública", en la cárcel le apodaron "El Cobalto" y en 1993, recuperó la libertad. El doctor René Franco Barreno, opositor al establecimiento del cementerio nuclear en Chihuahua, exdiputado y miembro del PRI en ese entonces, tal vez no se percató del alcance de su discurso, dijo a los medios en 1984: "¿Qué autoridad tiene derecho moral de poner precio a la salud pública? Todo lo hicieron a escondidas y mal. La Comisión de Salvaguardias hizo apenas su debut en este caso; la verdad, es que estamos en pañales en asuntos de radiaciones. Juegan con la salud, juegan con nuestra economía, juegan con todo".

2 comentarios:

Miguel Anguiano dijo...

Un enérgico llamado de atención a nuestras autoridades!!!

fernando dijo...

Miguel: Precisamente es lo que deseo, las autoridades investiguen el porque de tanto caso de cancer, esta puede ser una de las causas, pero nadie hace nada, gracias por estar al pendiente, saludos